La muy airada protesta de Francia retirando embajadores de EEUU y Australia, está siendo percibida como una especie de rabieta impotente. Australia se desdice de su compromiso de comprar submarinos diésel franceses por varias decenas de miles de millones de euros (la cifra varía según qué periódico se consulta) y comprará, en su lugar, submarinos nucleares estadounidenses. Diríase que Francia se ha enojado cual niño chico que se queda sin piruleta, pero lo cierto es que la virulencia de su gesto -completamente inédito- con los embajadores, está más que motivada.

Ya hace algunos años que el concepto de Anglosfera se abre paso, sobre todo a raíz del Brexit. El mundo anglosajón suma más población y PIB que toda la Unión Europea. Con la ventaja -inalcanzable para Europa- de que además, habla una misma lengua y tiene cierto sentido de su unidad étnica. Siempre ha estado claro que la alianza asimétrica entre el Reino Unido y los EEUU era más sólida que cualquier otra. Pero antes EEUU veía en el telón de acero uno de sus principales puntos de fricción geopolítica. Era normal, pues, que otorgara a su relación con los países de Europa occidental una importancia considerable. Pero ya con los problemas de la invasión de Irak se veía que las prioridades del Imperio estaban cambiando y, con ellas, sus relaciones privilegiadas. Aznar lo vio claro mientras el Secretario de Defensa de EEUU, Donald Rumsfeld, se refería en 2003 a Francia y Alemania como “la Europa vieja”.

Pero Irak fue un fiasco, Afganistán también, y los países de esa “Europa nueva”, países como Polonia, Eslovaquia o Lituania, que entraban mucho más entusiasmados en la OTAN que en la UE, tienen ahora motivos para preocuparse con el altercado de los submarinos franceses. Ahora empieza a evidenciarse por qué Donald Trump aplaudía el Brexit y se mostraba más hostil a la OTAN que cualquier izquierdista sudeuropeo. Las derrotas en el centro de Asia han convencido a EEUU de su pequeñez ante el mundo, de su incapacidad para mantener tantos frentes abiertos. Cosecuencia lógica: centrarse en el único actor geopolítico que puede realmente disputar su hegemonía: China, claro.

Y China es, ante todo, una potencia del Pacífico, cerca de cuya costa vive la inmensa mayoría de su masiva población. El AUKUS ha surgido como una alianza vital para EEUU. También para un Reino Unido en busca de ubicación que, según fuentes de la Casa Blanca[1], ha sido el más entusiasmado con la alianza. El Daily Telegraph, el periódico más serio de la derecha británica, publicaba el pasado día 18 un artículo titulado “La Gran Bretaña global planta su bandera en la escena mundial”[2]. No comment.

Por el lado australiano, sin embargo, la jugada no es tan fácil de explicar. Un recrudecimiento de las relaciones en el Pacífico va objetivamente en contra de los intereses de Australia, país poco poblado (menos de 26 millones de habitantes) e hiperpróspero. Justo se encuentra en estos años, por cierto, adelantando a España por PIB en el puesto 13 mundial. Además, poca gente cae en la cuenta de que Francia es una potencia nuclear en las antípodas, con posesiones clave en amplísimas áreas del sur de los océanos Pacífico (Nueva Caledonia, Polinesia…) e Índico (La Reunión, Kerguelen…). Y no sólo Australia estropea sus relaciones con un país amigo y vecino sino que también, al cambiar submarinos diésel franceses por nucleares estadounidenses, deja en entredicho[3] su adhesión al Tratado de No Proliferación Nuclear, que ratificó en 1998. Nueva Zelanda ya ha dicho[4] que por sus aguas no podrán pasar…

El Ictíneo, de Narcís Monturiol, en Barcelona.

Pero volvamos a nuestra vieja Europa, que es de donde ha venido la patada en el suelo. Mucho más allá del contrato multimillonario perdido, Francia se ve descortésmente excluida de una sólida alianza militar occidental en el Pacífico. ¿Por qué? ¿Por ser un país latino y no anglosajón? ¿Por estar comprometida en la UE? Y pensar que las muestras de apoyo europeas a Francia están siendo más bien tibias… En cualquier caso, Francia se queda militarmente sola en un Occidente que se resquebraja. Y se resquebraja por más sitios.

El venerado geoestratega estadounidense Zbigniew Brzezinski señalaba que Europa nunca se convertiría en un verdadero rival para EEUU mientras Alemania se mantuviera alejada de Rusia. Pero su famoso libro El gran tablero mundial hablaba de otro mundo, el de los años 90, cuando China era más pequeña y EEUU se regocijaba en la unipolaridad. Brzezinski murió en 2017, al poco de llegar Trump a la presidencia. Ahora, la grieta entre Alemania y Rusia parece no ser una prioridad, e incluso algunos en EEUU -el propio Trump- abogan por entenderse mejor con Rusia y focalizarse, casi exclusivamente, en China. El gasoducto Nord Stream 2 para transportar gas ruso a Alemania por el Mar Báltico, que aterroriza a Ukrania, ha sido finalmente aprobado por Biden[5].

Con el desplante de EEUU, Europa se queda movediza. La Comunidad Económica Europea que conocimos cuando, en 1986, España y Portugal entraron en ella, vivía apiñada entre dos superpotencias, en el confort geopolítico de tener las alianzas muy claras, evidentes, e iguales para todos. Ahora, el apiñamiento desaparece, la Anglosfera da la espalda a Europa, Alemania ha fagocitado económicamente el continente, el sur -los PIGS- se ahoga en el desempleo y el despoblamiento, y Francia queda como única potencia nuclear en la Europa continental aparte de… Rusia. Francia tiene razón: No es como para quedarse muy tranquilo.


[1] https://www.theguardian.com/politics/2021/sep/15/alliance-with-australia-and-us-a-downpayment-on-global-britain

[2] https://www.telegraph.co.uk/news/2021/09/18/global-britain-planting-flag-world-stage/

[3] https://www.economist.com/international/2021/09/17/what-does-the-australian-submarine-deal-mean-for-non-proliferation

[4] https://www.theguardian.com/world/2021/sep/16/aukus-submarines-banned-as-pact-exposes-divide-between-new-zealand-and-western-allies

[5] https://www.forbes.com/sites/uhenergy/2021/06/09/is-biden-trying-to-sell-nord-stream-2-approval-as-a-green-energy-initiative/