
Otra fiesta nacional y yo en la cama
Es raro que a los españoles nos cueste compartir lo más básico del primer capítulo de los manuales del sentir patriótico, qué sé yo: una bandera, una canción, un mito fundacional.

Es raro que a los españoles nos cueste compartir lo más básico del primer capítulo de los manuales del sentir patriótico, qué sé yo: una bandera, una canción, un mito fundacional.

Soy una de esas personas que, en este tórrido verano, se ha sentido atraída al cine por la revisión del relato de la Odisea del siempre sombrío pero sugestivo Cristopher Nolan. Les voy a ahorrar críticas cinematográficas para las que […]

Busco sin éxito en periódicos como El Diario, Público e incluso El Salto, noticias sobre la disruptiva ocurrencia de Gabriel Rufián de presentar candidaturas únicas para las izquierdas no-PSOE en cada provincia con el objetivo de unir fuerzas para parar […]

Conforme vamos adentrándonos en este siglo XXI se impone la presencia de la ultraderecha como vector político predominante, hasta el punto de que, quien más quien menos, ya nos hemos hecho la idea de que gobernará en una mayoría de […]

Una España soterrada que es como un incómodo inconsciente colectivo pugnando por hacerse notar; un sustrato en el que conviven los cadáveres añejos, los viejos odios latentes de siempre, las ideas apolilladas que alimentan las conspiraciones y tejemanejes nuestros de cada día.

Hay un relato apocalíptico en la mente adulta que es como un bonito mueble de IKEA. Viene por partes y es fácil de montar. Apenas encajan dos o tres piezas lo demás es coser y cantar. Y es atemporal y recurrente, da igual cuando leas esto.

Eso es un bar en España: un escenario para nuestros días hecho de elementos groseramente variopintos que no debería funcionar, pero que funciona. No es bonito, ni acogedor, pero resulta tan humano en su imperfección que puede alojar nuestras vidas y cualquier otra cosa. También un asesinato de película.

Ese otro país es el que, cada año, ve llegar su veinteene y se congratula de que, aunque sea por un mísero día, niñas y niños pasen a ser un elemento del primer plano informativo (y eso, las más de las veces, por los pelos). Porque ese día de cada noviembre no se celebra sólo el día de la Infancia sino –el matiz es importante- el de sus derechos que, además, tienen como apellido humanos

Admitamos que la idea de madrugar para que todos entremos a trabajar a la misma hora, como hacían los primeros obreros bajo la tutela estricta de algún silbato, o de fichar en alguna máquina para demostrar que estamos ahí encadenados durante el tiempo suficiente debería hacerse extraña en el capitalismo volátil y globalizado de ese mismo siglo XXI. Pero, como las filas a la entrada del colegio, son realidades que resisten tozudas incluso tras una pandemia planetaria que –decían los agoreros- vendría a cambiar para siempre nuestras vidas.