La derecha se crece, la izquierda se territorializa.

Los resultados de las elecciones andaluzas del pasado domingo no arrojan demasiadas sorpresas si se observa la tendencia que viene dibujándose desde la decadencia de Podemos. Todo analista electoral («analista» es una categoría derivada, accesible a cualquiera que cumpla un poco con su deber ciudadano) sabe que España era, desde la Transición -y puede incluso argumentarse que desde antes de la hecatombe guerra-dictadura- un país en el que la izquierda contaba con una mayoría social holgada, donde las únicas opciones de gobernar para la derecha iban de la mano de un alto nivel de abstención. Así fue durante décadas, y lo que estamos viviendo es un cambio de paradigma. Si bien tal cambio aún no está consumado -seguimos teniendo un Presidente socialista- aparecen ya claras algunas de las líneas que definirán la vida política española de mediados del siglo XXI. Veamos qué dice el electorado andaluz:

Lo más visible, respecto a las anteriores autonómicas, es que el bloque de izquierdas sube, como ha sido señalado en todos los comentarios. El bloque de derechas podría haber empezado a tocar techo, pero a nadie se le escapa que, en primer lugar, este techo es ya apabullantemente alto, con 68 escaños frente a los 41 de la izquierda y, en segundo lugar, que esta estabilización se produce con profundas transformaciones de fondo, que podemos analizar gracias a eldiario.es y a sus gráficos.

Miremos en primer lugar la edad, que en parte puede verse como anunciadora de las tendencias políticas futuras. Por lo que pueda aislarse la variable etaria, la juventud aparece cada vez menos sensible al discurso tradicional de la izquierda. El sesgo ligeramente juvenil de Adelante Andalucía no compensa la contundente especialización del PSOE en el nicho de la población más vieja: el sector social más claramente distinguido por el voto PSOE son los pensionistas. La tendencia es tan lineal que nada apunta a que haya tocado suelo. Los partidos con un perfil juvenil más marcado son Vox y Se Acabó La Fiesta.

Por otro lado, el voto PSOE muestra un clarísimo sesgo de renta, siendo mucho más votado en los hogares con menos ingresos. No es el caso de Adelante Andalucía, que saca mejores resultados entre hogares más acomodados, de igual modo que el PP, Vox apareciendo aquí como partido de clases medias. En todo caso, sigue sin haber lugar a la perplejidad populófoba: ya se huelen desde aquí los infalibles ríos de tinta sobre lo mal que vota el populacho. Huyan de ellos como de la peste, entre otras cosas porque nada justifica tal visión, los gráficos son muy claros al respecto, y alienarse a las clases populares es lo último que necesita la izquierda (por si alguien no se había dado cuenta). La otra variable de clase, el voto por nivel educativo, muestra que, a mayor población con estudios, mayor voto al PP. El PP alcanza incluso la mayoría absoluta, con 51,5% de los votos en los municipios con más de un 40% de población con estudios superiores. El gráfico del PSOE es radicalmente inverso. La sociedad se está derechizando, sí, pero la tendencia no ha empezado por abajo.

Entonces ¿qué país se empieza a perfilar? Si miramos las últimas tres elecciones autonómicas (Castilla y León, Aragón y Extremadura), la derecha ha subido en todas, y de modo más contundente en aquellas que históricamente más se le resistían, caso de Extremadura. El PSOE, como decimos, no parece haber tocado suelo y la izquierda alternativa a él muestra una tendencia extremamente marcada hacia el localismo. Adelante Andalucía, Chunta Aragonesista, BNG… la izquierda que emerge tiene en común no llevar la izquierda por bandera (con nombres y siglas neutros en el mejor de los casos) y rechazar la escala nacional como base geográfica, algo a lo que sin duda contribuyen décadas con un sistema electoral compartimentado en circunscripciones. En estas elecciones andaluzas, incluso obtuvo más de 14000 votos el partido 100×100, hecho para (dizque) defender los intereses de la provincia de Cádiz.

Estos y tantos otros partidos localistas de muy diversa escala (pero nunca nacional) que afloran por la geografía española con contenido más bien a la izquierda pero presentación estrictamente neutra, llevan a pensar que, más que una derechización de la sociedad, lo que estamos conociendo es una «desizquierdización» contundente. Las causas para esto las abordaremos en otro momento, pero se miden a escala de siglos y pueden tener mucho que ver, más que con la coyuntura geopolítica, con factores de largo plazo comunes a todas las sociedades europeas, como la secularización consumada, la desaparición de la clase obrera (por desindustrialización del país) y el cosmopolitismo frente a la idea de comunidad.

Cualesquiera que sean las razones, una cosa parece clara en cómo estos partidos se presentan: ni izquierda, ni España. Rufián puede tener todavía mucho que hablar. Sin embargo, tampoco hay que deshechar la idea, aunque parezca contradecir lo expuesto, de que la izquierda agrava su situación precisamente por su repugna a identificarse con España. Esta va desde un rechazo directo a los propios significantes nacionales -la profusión de eufemismos como «nuestro país» o «estatal»- hasta una exacerbación regionalista en la que se vuelca todo el identitarismo reprimido por el tabú de España. El propio periódico eldiario.es en el que he leído estos resultados me ha sugerido una suscripción, y el anuncio se titulaba «Andalucía necesita tu apoyo».

El escenario que se dibuja es, pues, uno en que el lugar central lo ocupa un PP llamado a «Ciudadanizarse» (la falta de luces de Albert Rivera todavía podrá ser evidenciada unas cuantas veces) y a representar al español medio, flanqueado por una derecha acaparada por Vox (¿y una ultraderecha extravagante tipo SALF?) y una izquierda acaparada por partidos localistas variopintos, en la que está por ver si el PSOE encontrará un lugar estable significativo.

El problema es que el PSOE, sociológicamente, ha sido hasta ahora el eje vertebrador de «este país» y que España, desde los primeros liberales, nunca ha sido vertebrada por la derecha más que a base de guerra, dictadura y desaparecidos. Con un poco solo de imaginación, el escenario «derecha españolista» vs «regionalismos izquierdosos», en su desarrollo, puede dibujar un choque de trenes violento a poco que las circunstancias económicas acompañen (lo sabemos bien en un país que sobrellevó mal, por así decirlo, los años que siguieron al crack del 29). Las elecciones parecen querer decir que, si la izquierda es española, no será. Lo temible, y que la propaganda franquista parece habernos hecho ignorar, es que, si España no es de izquierdas, quizás tampoco será.