Creía yo (ingenua) que en el año 2021 no hacía falta explicar cosas como que ser homófobo está mal.
Como ser racista o machista.
Ser homófobo implica despreciar profundamente al 7-10% de la población mundial (790 millones de seres humanos, ahí es na) y creer que esas personas deben tener menos derechos humanos básicos que los cis-hetero. En sí mismo esto es una aberración.
Lo que no me cabe en la cabeza es que, en el año 2021, cuando un matón de instituto se mete con un colectivo, vengan los profes y le den la razón, que es más o menos lo que ha hecho la UEFA. Ah, que en Hungría son homófobos, vamos a apoyarles, no sea que se ofendan. ¿Que se ofendan?
A los matones no se les da alas, se corta de raíz su comportamiento.
Lo cual me lleva a la reflexión de que, quizá, es que las instituciones que manejan el fútbol masculino son profundamente homófobas, habida cuenta del inmenso tabú que hay en ese sentido y de que ni un solo jugador de la liga española en activo ha salido del armario. Es decir, tienen entre un 7-10% de sus jugadores viviendo una doble vida, ocultando su condición LGTBI+ por miedo a que sus carreras profesionales se vayan a pique.
Me parece una crueldad innecesaria hacia personas que quieren amar y vivir libremente como el resto de nosotros y me parece un mensaje terrible para mandar a los seguidores, en especial a las hordas de niños que ven fútbol.
¿Os imagináis como se tiene que sentir un adolescente de 16 años, gay o bisexual, que ve que a sus héroes se les trata así? Es un daño irreparable hacia muchas personas, que ven como los demás les rechazan por ser como son.
No sé vosotros, pero yo no estoy dispuesta a darles ni un 0.00001% de cuota de audiencia.
Siempre estaré del lado de los derechos humanos y, en concreto, de los derechos LGTBI+.

#stophomofobia