Creo firmemente que no hay que decirle a nadie a quién debe votar aunque su voto sea diametralmente opuesto al mío, pero también creo que, para tener una democracia sana, hace falta que se vote masivamente.

Y tengo claro (spoiler: voy a hablar del diablo) que Pablo Iglesias tiene razón cuando dice que el barrio de Salamanca no puede decidir por toda la comunidad de Madrid. Y no, no estoy pidiendo el voto para Podemos.

Pero para que el gobierno de una comunidad represente su realidad social, los ciudadanos tienen que ejercer su derecho al voto. Tenemos que implicarnos, en Madrid capital y en Arganda del Rey. Y en Euskadi, cuando toque.

Y quiero recordaros algo más.

Votar es un gran privilegio. Significa que el pueblo tiene voz. Que nuestra opinión importa.

Las mujeres de este país, vosotras, nosotras, yo, no tuvimos derecho al voto hasta 1932 (gracias, Clara) pero duró tan poco que muchas mujeres de la edad de vuestras madres o abuelas no votaron hasta los 60 años (“gracias”, Franco). Los hombres, tuvieron derecho al voto mucho antes, pero España vivió no una, sino DOS dictaduras en el siglo XX, así que muchos de nuestros abuelos tampoco pudieron expresar su opinión política mediante el voto hasta muy tarde.

La democracia no está garantizada.

Los países sin democracia, que no deciden ni el alcalde de su pueblo, ni tienen libertad de expresión, existen. Yo he pasado por alguno, doy fe.

Para tener una democracia sana, tienen que salir a votar los del barrio de Salamanca y además, también los agricultores de Campo Real, los obreros del corredor del Henares, los millennials que no pueden permitirse vivir en Madrid por el precio de los alquileres y las mujeres que se cruzan la capital limpiando los portales de los más acomodados.

Y si os preguntáis porqué me importa, es porque Madrid me dio mucho en su día, literalmente me cambió la vida y la de mi hermana algo más tarde y me toca el corazoncito.